Los protagonistas de los espectáculos de la Antigüedad romana (aurigas, actores, gladiadores, cazadores y atletas) eran ídolos de masas y piezas clave en la política imperial del panem et circenses. El auge del cristianismo en el siglo III llevó a algunos de estos personajes a acercarse a esta religión, pero las jerarquías eclesiásticas consideraban los juegos como expresiones de la idolatría y la inmoralidad.
Las leyes del Bajo Imperio hicieron que ciertas profesiones, incluidas las lúdicas, fueran obligatorias y hereditarias en el siglo IV, lo que dificultaba a los profesionales lúdicos convertirse al cristianismo. El emperador, que había adoptado el cristianismo como su credo personal, promulgó leyes para permitir que estos profesionales abandonaran sus actividades si se bautizaban.
Opinión Crítica:
El libro «La Cruz y la Escena» de Juan Antonio Jimenez Sanchez ofrece un análisis profundo y detallado sobre la relación entre los profesionales de los espectáculos romanos y el cristianismo en el contexto del Imperio Romano. Explora las tensiones entre las demandas de la Iglesia y las leyes imperiales, así como los dilemas morales y religiosos enfrentados por los protagonistas de estos espectáculos.
La obra proporciona una visión fascinante de cómo la religión y la política se entrelazaban en la Antigüedad, y cómo estas dinámicas afectaban a la vida y las creencias de las personas comunes y de los personajes públicos. Es un libro imprescindible para aquellos interesados en la historia de la Antigüedad y en las interacciones entre el poder político y la religión.