La Voluntad de Creer es una obra teatral escrita y dirigida por el dramaturgo Pablo Messiez. Publicada por la editorial Continta Me Tienes, esta obra plantea preguntas sobre la relación entre la voluntad y la fe, así como sobre la verosimilitud y el papel de la voluntad en la sugestión.
La trama de la obra se inspira en la película «Ordet» de Dreyer, y se centra en el personaje principal, el menor de una familia de hermanos, quien afirma ser Jesús de Nazaret. Sus hermanas, sin embargo, creen que ha enloquecido debido a su obsesión por leer a Kierkegaard.
La Voluntad de Creer busca especialmente poner el foco en el papel del espectador como dador de sentido. La obra plantea que para que el espectador pueda encontrar sentido en la historia, es necesario que tenga la voluntad de creer. Esto implica que la creencia no se da de forma individual, sino que requiere la participación activa del espectador.
El texto teatral también hace hincapié en el poder de la sugestión y en cómo la voluntad puede influir en la creación de una realidad verosímil. Explora la idea de que la creencia no solo depende de la evidencia objetiva, sino también de la disposición del individuo a creer.
En general, La Voluntad de Creer es una obra que invita a reflexionar sobre la fe, la creencia y el papel del espectador en la construcción del sentido. A través de su trama y personajes, Messiez plantea preguntas profundas sobre la voluntad y la creencia, y desafía al espectador a cuestionar su propia forma de percibir el mundo.
Principales personajes:
– Protagonista: el menor de una familia de hermanos que afirma ser Jesús de Nazaret.
– Hermanas: las hermanas del protagonista, quienes creen que ha enloquecido.
– Paz: una de las hermanas, quien es poeta y reflexiona sobre la importancia de la creencia.
En mi opinión, La Voluntad de Creer es una obra teatral interesante y provocadora. Messiez logra plantear preguntas filosóficas y existenciales de manera creativa, utilizando la trama y los personajes de manera efectiva. La idea de que la creencia no es solo un acto individual, sino que también depende del espectador, es una propuesta intrigante que invita a reflexionar sobre la forma en que percibimos la realidad.
La utilización de la película «Ordet» como punto de partida también agrega una capa adicional de complejidad y profundidad a la obra. Messiez logra crear una atmósfera en la que el espectador se ve desafiado a cuestionar las convenciones y a reflexionar sobre temas más amplios como la fe, la muerte y la creencia en sí misma.